La historia ballenera en Chile

Fotografía perteneciente a la colección del Museo Histórico Nacional.

La caza de ballena en Chile es una historia que tiene al menos 1500 años de antigüedad, esto se puede afirmar gracias a los cientos de dibujos que existen en las paredes de la quebrada del Medano en la region de Antofagasta, en sus murallas hay pinturas que sin lugar a dudas, grafican la caza de mamíferos en pequeñas embarcaciones que relatan de manera grafica esta actividad, esto sumado a los recientes hallazgos de arpones y restos de embarcaciones confirman que los pueblos del Norte, al igual que los de la Patagonia, tenían en sus dietas a las ballenas y sus derivados

Imagen trazada de los dibujos que muestran la caza de ballenas en el Medano
Libro «Desde la Puna hacia la Costa» de María Bernardita Brancoli,

“En Chile, luego de dos siglos de cacería, la última ballena fue cazada el 21 de mayo de 1983, y el 15 de julio de ese mismo año un decreto puso término a la caza de estos cetáceos”

Fotografía perteneciente a la colección del Museo Histórico Nacional.

En Chile se construyeron siete plantas balleneras entre Iquique y Punta Arenas en el marco de la caza moderna de ballenas. En 1905 se construyó la primera y en 1956 la última. Desde 1983 ninguna de las plantas se encuentra activa.

Fotografía perteneciente a la colección del Museo Histórico Nacional.

Se considera que la «apertura del ciclo ballenero» en Chile se produjo en 1792, año en que se registró la presencia de casi 40 navíos norteamericanos, ingleses y franceses en aguas chilenas.

En los primeros años del siglo xx, la cacería de cetáceos en Chile recibió un nuevo impulso con el arribo de avezados marinos noruegos. Estos formaron nuevas empresas dedicadas a dicha actividad en Punta Arenas, Ancud y Valdivia, lo que significó el ingreso oficial del país en la caza moderna de ballenas

Luego de las faenas de izamiento, los balleneros a menudo se fotografiaban junto a la pieza en la plataforma de descuartizamiento. Durante el faenamiento era común que treparan el cuerpo del cetáceo, premunidos de botas de cuero firme dotadas de toperoles para evitar los resbalones y engrasadas para que no les entrara aceite, agua ni sangre.

Fotografía perteneciente a la colección del Museo Histórico Nacional.

Chiloé fue un activo núcleo ballenero desde fines del siglo XVIII, cuando balleneros ingleses, norteamericanos y franceses descubrieron y comenzaron a explotar un importante coto de cacería denominado Guafo, ubicada al suroeste de la isla Grande de Chiloé

Fotografía perteneciente a la colección del Museo Histórico Nacional.

El escritor Francisco Coloane se embarcó en el Indus 11 en Quintay en una expedición de caza de ballenas. Este viaje le sirvió para escribir su novela El Camino de la Ballena (1962) y otros cuentos y ensayos relacionados con la caza de estos mamíferos. Más tarde usó esta información para escribir el capítulo «La caza de ballenas» de El último grumete de la Baquedano.

Fotografía perteneciente a la colección del Museo Histórico Nacional.

La Ballenera de Quintay, cerca de Valparaíso, hoy es un monumento histórico, pero no hace muchos años fue la ballenera más grande del país, operada por la empresa Indus. Se calcula que entre 1938 y 1967, la empresa fue la responsable de la caza de 30 mil ballenas.

Fotografía perteneciente a la colección del Museo Histórico Nacional.

Durante el siglo XIX la creciente presencia de balleneros extranjeros influyó en el surgimiento de la figura del cazador ballenero chilote, quien practica la caza costera de ballenas en las inmediaciones de Chiloé y “Guaitecas” durante los siglos XIX y XX

Fotografía perteneciente a la colección del Museo Histórico Nacional.

La actividad ballenera es un fenómeno que consta de dos partes: la caza de las ballenas y su faenamiento. La primera ocurre en alta mar siguiendo a los cetáceos de sur a norte, mientras que la segunda –salvo que se trate de buques factorías– generalmente tiene lugar en tierra, en plantas faenadoras de ballenas como aquellas ubicadas en Guafo, San Carlos de Corral, Quintay y El Molle. En muchos casos, estas actividades, y por supuesto sus actuantes, si bien se tocan, no interactúan mayormente, produciéndose una distinción bastante marcada entre ambas.

Fotografía perteneciente a la colección del Museo Histórico Nacional.

La temprana presencia de balleneros extranjeros en Chiloé, así como el funcionamiento de empresas locales, propició el surgimiento de una tradición ballenera quellonina. Durante los años cuarenta y sesenta, un grupo de chilotes originario de Quellón emigró a las plantas balleneras de Quintay (1943-1967) y El Molle (1956-19675), ambas de la Compañía Industrial SA, desplazamientos relacionados con la presencia de dicha tradición ballenera.

“La industria ballenera, la industria turística y la industria científica son cosas distintas, pero tienen algo en común: son industrias. Las ballenas siguen portando esa naturaleza «monstruosa» que las hace tan atractivas para los seres humanos, quienes las siguen por todas partes del mundo, en algún momento para matarlas, y ahora sólo para «verlas» y/o «estudiarlas»

REFERENCIAS